El Monte Jardón es un enclave con un importante valor para la biodiversidad porque es el monte silíceo más alto de toda la Serranía de Ronda y es refugio para multitud de especies, animales y vegetales. Sin embargo, la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía construyó en 2023 varias charcas para anfibios en pleno cauce de algunos arroyos que discurren por las laderas del Monte Jardón, en la vertiente del Valle del Genal (Málaga), sin evaluación ambiental, invadiendo el dominio público hidráulico, eliminando especies de flora amenazada y protegida por la ley, destruyendo sus hábitats, y demostrando (una vez más) la total ignorancia de los técnicos responsables del medio ambiente acerca de biodiversidad y ecología de los espacios que gestionan.

Efectivamente, no transcurrieron ni 2 años para que tales obras (también conocidas como piscinas de ranas por el diseño que presentan) terminaran completamente enterradas por el arrastre de sedimentos propio de los cauces naturales. Miles de euros de dinero público despilfarrados en actuaciones inútiles de propaganda medioambiental que ni tan siquiera sirven para proteger los carriles, que fue la excusa para su realización, mientras se recorta dinero de la sanidad y de la educación públicas.
Estas obras, que pretendían retener las aguas para el “fomento de la biodiversidad” acuática (como si estos arroyos no fueran ya de por sí un refugio suficiente y necesario para las especies de este espacio), invadieron el cauce de varios arroyos en los que se refugiaban especies amenazadas o de interés como Asplenium billotii, Lamium flexuosum, Cystopteris diaphana, Sibthorpia euorpaea, Callitriche brutia, Myosotis welwitschii, etc., siendo Dryopteris affinis uno de los más afectados. Se trata de un helecho muy amenazada para el que la categoría de Vulnerable posiblemente se le quede corta, puesto que en Andalucía sólo hay 4 poblaciones, y la del Genal sólo cuenta con una treintena de ejemplares adultos (y las otras poblaciones tampoco es que estén en una situación muy boyante). Qué puntería tuvieron los técnicos de la Consejería que fueron a construir en una de las pocas localidades en las que estaba presente Dryopteris affinis, demostrando el poco control que aplican a sus actuaciones. Y después de retirar ejemplares de todas estas especies relatadas, sólo de Dryopteris affinis sobrevivieron tres ejemplares, dos juveniles y un adulto que, por la agresión recibida, ese año no produjo esporas. Uno de estos juveniles, el más pequeño, no superó aquel verano tras quedar expuesto a mayores condiciones de insolación y sequedad, quedando esta localidad representada por un juvenil y un adulto.
Y antes de que termine este año 2025 podemos comunicar ya la muerte del otro juvenil, algo que ya se predijo, posiblemente por arrancamiento debido al tránsito de algún animal. Y es que estas piscinas de ranas no sólo han alterado el hábitat del arroyo sino que, también, facilitan el acceso de animales a un hábitat bastante sensible.
Y éste es el nivel de los responsables en medio ambiente en Málaga, y muy posiblemente del resto de Andalucía, a pesar de lo mucho que han alardeado de “buen hacer” con estas obras y que han callado vilmente después de terminar enterradas. Y se les advirtió del daño medioambiental que estaban provocando pero, como han hecho otras veces, taparon la realidad, se negaron a reparar el daño y callaron. Muchos han sido los que han defendido la construcción de las piscinas de ranas en estos arroyos, condenando incluso las denuncias realizadas, cómplices de esta historia que ha quedado ya escrita, por mucho que les pese. Como aquel ingeniero de montes (otro más) que acusaba a los denunciantes de exagerar y que afirmaba que en uno o dos años se iba a recuperar todo. O aquel voluntario pseudoambiental venido a menos que pedía dejar trabajar a los “expertos” mientras ensalzaba las virtudes ficticias de estas obras.
Pero es que, además, una de estas especies, Asplenium billotii, está protegida por la ley y, según el Código Penal, eliminar ejemplares de especies protegidas o, incluso, alterar sus hábitats es un delito (y quien los comete un delincuente). Sin embargo, difícilmente va a prosperar cualquier denuncia para quienes cuentan con la protección de las autoridades políticas, y en Andalucía las competencias en medio ambiente están en manos del Partido Popular, la versión más neoliberal del bifacial PPSOE. No en vano, durante todos estos años de especulación del territorio en Málaga, la destrucción medioambiental ha prosperado gracias al blanqueamiento que algunos técnicos han realizado bajo el amparo protector del político de turno. Y es ahora el turno del PP, que se rodea de personal sin formación medioambiental adecuada pero que son expertos en el blanqueamiento de toda suerte de despropósitos ecológicos pero que gozan de la mayor impunidad. Y es a ellos, a los protegidos por el PP, a los que van dedicadas estas palabras.





