El Málaga CF firmó una victoria incontestable por 3–0 ante el Burgos CF en La Rosaleda, sumando su sexta victoria consecutiva y afianzándose en la zona alta de LaLiga Hypermotion. Los goles de David Larrubia, Chupe y Adrián Niño certificaron una noche redonda para el equipo de Juan Funes, que continúa mostrando un fútbol vertical, sólido y cada vez más convincente.
Un inicio complicado bajo la lluvia
El encuentro arrancó con un fuerte chaparrón que dificultó el juego. El Burgos se adaptó mejor en los primeros minutos, presionando arriba y generando peligro con centros laterales. El Málaga sufría para salir desde atrás y no encontraba fluidez en la circulación.
Dos golazos en cinco minutos cambiaron el partido
A partir del minuto 30, el Málaga desató su mejor versión.
- 1–0 (33’): Larrubia se inventó una jugada individual dentro del área y la clavó en la escuadra.
- 2–0 (38’): Centro perfecto de Puga y cabezazo imparable de Chupe. En apenas cinco minutos, los blanquiazules desarmaron al Burgos y se marcharon al descanso con ventaja.
Herrero, clave para sostener el marcador
El Burgos reaccionó en la segunda mitad y tuvo dos ocasiones clarísimas, especialmente un mano a mano de David González que Alfonso Herrero salvó con un paradón. El Málaga supo sufrir y luego volvió a controlar el ritmo del partido.
Adrián Niño sentenció el 3–0
En el tramo final, Adrián Niño, recién ingresado, enganchó un disparo desde fuera del área para firmar el 3–0 definitivo y desatar la fiesta en La Rosaleda.
Un Málaga lanzado hacia el ascenso
Con este triunfo, el Málaga alcanza los 38 puntos, se mantiene en la zona de playoff y se consolida como uno de los equipos más en forma de la categoría. El Burgos, pese a su solidez habitual, no pudo frenar el vendaval blanquiazul.
La Rosaleda vivió otra noche de tormenta… y gloria
La Rosaleda amaneció empapada y el cielo decidió abrirse justo cuando el árbitro señaló el inicio. La lluvia caía con fuerza, como si quisiera poner a prueba la racha del Málaga. Y durante quince minutos lo consiguió: el Burgos manejaba el balón, imponía su ritmo y obligaba a los locales a achicar agua, literalmente y en sentido futbolístico.
Pero este Málaga ha aprendido a esperar su momento. Y cuando la lluvia aflojó, llegó la tormenta… pero la blanquiazul.
A los 33 minutos, Larrubia recibió en el área, se abrió paso entre defensas y soltó un disparo imposible. Cinco minutos después, Chupe voló para cabecear un centro perfecto de Puga. Dos golpes secos, certeros, que dejaron al Burgos tambaleándose.
En la segunda parte, el Burgos apretó. González tuvo el gol en sus botas, pero Herrero, gigante bajo palos, respondió con una parada salvadora. El Málaga resistió, se reordenó y volvió a mandar. Funes movió el banquillo con inteligencia, buscando piernas frescas para cerrar el duelo.
Y entonces apareció Adrián Niño. Controló, miró a portería y soltó un disparo seco, raso, ajustado al palo. Gol. Sentencia. La Rosaleda explotó. Era la confirmación de un equipo que ya no gana por inercia, sino por convicción.
El pitido final dejó una imagen clara: jugadores abrazados, grada en pie y una sensación compartida… este Málaga va muy en serio.
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