Por Patrocinio Navarro Valero
Desestabilizar un país es hoy un juego de niños para empresas multinacionales que pueden tener más oro que el total de ese país. El Chile de Allende, la Cuba de Castro, la Bolivia de Morales, el golpe militar en Honduras, la Palestina de tantos años o Libia fueron o son claros ejemplos para el mundo de presiones desestabilizadoras de los EEUU ahora acompañados-¿ o impulsados?- por el genocida Netanyahu
Golpe tras golpe
Como antes ha sido la invasión -y sigue- el genocidio en Palestina, y posteriormente el golpe de mano en Venezuela con el inaudito secuestro de su presidente, para controlar al país, ahora son Irán y Cuba los que están en el punto de mira del Imperio Sombrío encabezados por Israel y EEUU y seguidos por eso que se suele llamar “ Comunidad Internacional”, donde destacan los países europeos, Japón, Australia, o Arabia Saudí, entre otros, mientras muchos callan por miedo a represalias, y otros, como España, hacen tímidos intentos de desmarcarse sin perder de vista los negocios oscuros con Israel ni desmarcarse de la obligada disciplina que exige la OTAN.
Excusas criminales para guerras y genocidios
La invención de la llamada guerra preventiva (o guerra “por si acaso”, excusa perversa donde las haya), permite invadir impunemente cualquier país del mundo sin siquiera respetar a la marioneta-ONU que los más poderosos en armas y dinero utilizan como tapadera legal cuando les conviene. De cara a la opinión hasta quieren hacer creer que aceptar sus mandatos une lo legal a lo moral o legítimo, pero hasta pueden hacerlo con argumentos ridículos como sucede con Irán, o sin ninguna excusa, como ocurre con Cuba. Y lo hacen porque no hallan resistencias notables en el mundo, aunque al Nuevo Imperio le da igual que los pueblos de medio mundo, o de siete mundos enteros si los hubiese, se manifiesten contra sus guerras por inmorales, criminales o injustas que sean como la de Irán o contra Palestina.
Los movimientos de repulsa popular nunca alteran el pulso de los genocidas, porque hasta las manifestaciones contra sus guerras están previstas por quienes las desatan, calculado su alcance con la precisión con que los contables de grandes almacenes calculan el porcentaje de robos para cargarlo en el precio de sus artículos. El actual de las guerras lo pagan nuestros impuestos, por supuesto. ¿Qué la guerra es impopular y contestada? Una explosión de protesta por las calles de ciertas ciudades algunos días y en algunos lugares; algunos artículos o entrevistas a personalidades pacifistas -y también de las otras- en ciertos medios llamados liberales, un temporal de consignas y pancartas antibelicistas por las calles de algunas ciudades, cargas policiales aquí y allá y vuelta a la calma. La gente se cansa y ese tiempo también está calculado.Y eso a pesar de que a todas horas continúan muriendo las víctimas de esas guerras (ahora guerras de ocupación, y exterminio salvaje, negocios brutales de venta de armas y otros materiales, control geopolítico y saqueo de recursos mientras los muertos se cuentan todos los días en los telediarios sin que eso mueva a oponerse a la barbarie a gobiernos que se dicen cristianos y defensores de la legalidad internacional
¿ Armas o almas? ¿ Cómo salir de esto?
Hasta ahora no hemos sabido, porque lo hemos confiado a una respuesta masivas de la conciencia social y a las respuestas emocionales de indignación. Lo primero no es masivo, y lo segundo es pasajero, así que no bastan.
La conciencia moral activa, que practica y exige justicia, en lugar de la conciencia social temporal que exige derechos, es la única energía capaz de impedir la barbarie con su fuerza amorosa, justiciera, altruista, pacificadora, su capacidad de perdón y reconciliación, y su reconocimiento de cada uno al otro como hermano espiritual, como hijos todos del mismo Padre, si se es creyente.
Es en las almas -y no en las armas- donde nace y se prodiga hacia el mundo exterior la energía creadora de un nuevo mundo, y las almas nobles la esgrimen como bandera a través de los siglos. Las fuerzas de la oscuridad, en cambio, eligen las armas, las imposturas y las mentiras como herramientas para impedirlo, pero es un esfuerzo inútil, porque es un hecho que cada vez hay más ansia de paz .
Con las grandes manifestaciones contra la guerra se evidencia ese deseo. Sin duda se está produciendo una lenta transformación de las conciencias hasta el punto de poderse afirmar que la mayoría de la humanidad no desea las guerras y aunque de momento ponga tan poco de su parte para oponerse, veremos qué ocurre si se disparan los precios de combustibles, transportes y alimentos hasta más allá de lo soportable.
Hasta llegado ese momento vamos aprendiendo la lección de que las guerras sirven descaradamente para enriquecer y otorgar más poder a unos pocos que viven en la sombra a cambio de la muerte de muchos que nunca ganan nada con ello, excepto dolor, mutilaciones, miseria económica y muerte, mientras que a quienes organizan, ser lucran y participan en guerras y matan, les supone cargas en su alma de las que han de dar cuenta algún día al tribunal de su conciencia acompañadas de un dolor íntimo del que no libera ninguna pastilla del psiquiatra. Y esto puede durar muchos años o muchas vidas , porque somos seres de energía con conciencia y la conciencia es un medio de hacerlo con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos, pues la energía no se pierde, muta, se transforma como dijo la Ciencia hace mucho, y el mundo espiritual mucho antes cuando habló del karma.
Dan ganas de gritar: ¡conciencia humana: despierta, despierta a tu verdadera condición! Ya has dado suficientes muestras de crueldad y degeneración en demasiados humanos. Despierta al hijo pródigo que llevas en tu interior, y recupera tu dignidad. Despertemos, despertemos.
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