El club malagueño rozó el milagro ante el Echeyde B, teniendo el billete a Primera División Nacional en su mano hasta el último suspiro, cuando un gol visitante en el epílogo rompió el sueño por un global de 23-22.
El deporte, a veces, es de una crueldad infinita. El Waterpolo Málaga firmó este sábado una actuación memorable, de esas que quedan grabadas en la retina de los aficionados, al derrotar al filial del Echeide por 16 a 14. Sin embargo, la piscina malagueña vivió la victoria más amarga de su historia reciente: el triunfo no bastó para obrar la remontada y el ansiado billete a la Primera División Nacional viaja rumbo a Tenerife de la forma más dolorosa imaginable.

El conjunto chicharrero traía de la ida un valioso botín de tres goles tras el 9-6 cosechado en su feudo. Al final, el cómputo global de la eliminatoria (23-22) sonrió a los visitantes por un solo gol de diferencia; una distancia mínima que, viendo el desarrollo del choque de vuelta, perfectamente pudo haber caído del lado local.
Dominio local y un desenlace de infarto
El encuentro arrancó con una intensidad asfixiante. Tras un primer cuarto de tanteo y nervios a flor de piel, el Waterpolo Málaga dio un golpe sobre la mesa en el segundo asalto. A partir de ese momento, los locales cogieron las riendas del luminoso y siempre marcharon por delante en el marcador, desarbolando por momentos la defensa tinerfeña.
Fue un partido vibrante, de ida y vuelta, pero sobre todo, ejemplar por la limpieza con la que ambos conjuntos disputaron cada balón. El Málaga golpeaba con orgullo y el Echeyde B resistía como podía.

Los minutos finales fueron una auténtica locura no apta para cardíacos. El Waterpolo Málaga lo dio todo y logró la machada: apenas a 4 segundos para el final del partido, el resultado daba el ascenso virtual a los malagueños. El milagro estaba hecho. Sin embargo, en un último suspiro agónico, la moneda cruzó la cara defensiva y el filial canario anotó el tanto definitivo que les devolvía la gloria, dejando helada a toda la piscina.
Una afición de Primera
Si el equipo estuvo a la altura, la grada directamente rozó la matrícula de honor. El público malagueño no dejó de creer en ningún momento. Convertidos en el jugador número ocho, los aficionados arroparon a su club en un ambiente espectacular: cánticos ininterrumpidos que tronaban en la piscina, el ritmo constante del bombo y las lasvuvuzelas marcaban el ritmo del lema «AQUÍ MANDA MÁLAGA» ondeando en su bandera.

Lágrimas y orgullo para cerrar la etapa
Al sonar el pitido final con el definitivo 16-14, la paradoja se hizo presente en la piscina. Una victoria de prestigio que desató la más absoluta de las tristezas. El deseado ascenso se escapó de las manos locales en el último parpadeo del cronómetro, unas manos que terminaron tan húmedas por el agua del partido como por el desilusionante llanto de los jugadores y su ‘guardia pretoriana’.
El esfuerzo titánico murió en la orilla de Inacua por el más mínimo de los márgenes, pero la cabeza debe estar alta. Ahora toca cerrar otra etapa, asumir el golpe y continuar trabajando para ese tan deseado ascenso que hoy estuvo a solo cuatro segundos de distancia.
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