Participar con más de 65 años junto con más de 3500 deportistas en la XII edición de La Africana celebrada el pasado sábado 18 de abril en la ciudad española de Melilla ubicada en el Norte de África; no es únicamente un reto deportivo sino además, es también un gesto de reivindicación frente a una realidad que afecta a numerosos empleados públicos: la discriminación por edad en la Administración española.

Con el lema “Viejo para la Administración – Joven para la Africana (Discriminación +65 años en la Administración Española)” visible en la mochila, esta participación simboliza la paradoja que vivimos muchos funcionarios. Mientras podemos seguir en Servicio Activo hasta los 70 años gracias a prórrogas legales, se nos excluye, sin embargo de procesos de promoción interna como es mi caso al subgrupo C1 (Administrativos del Estado) por tener cumplidos más de 65 años.
Esta situación ha llevado a tres funcionarios —Juanjo Florensa de Melilla, África Martos de Ceuta y Pilar Silva de Galicia- denunciar el caso ante instancias internacionales, incluida la Oficina de Derechos Humanos de la ONU por considerar que se vulneran principios básicos de igualdad.

El problema, hasta ahora poco visibilizado ha sido recogido en la prensa gallega por la periodista Iria Domínguez Pombo quien ha puesto el foco en una normativa que afecta a los funcionarios de mayor edad. Según la abogada laboralista Laura Lorenzo, esta práctica resulta difícilmente justificable: “Choca frontalmente con los principios fundamentales del ordenamiento jurídico y del derecho europeo”. Para esta abogada se trata de una regulación desfasada que no responde a la realidad actual, donde el envejecimiento activo y el aprovechamiento del talento senior son objetivos prioritarios.
De hecho, la propia Administración trabaja en una reforma de la función pública que contempla prolongar la jubilación voluntaria hasta los 72 años, lo que evidencia una contradicción entre el discurso institucional y la práctica normativa. Las reclamaciones no se han limitado al ámbito mediático difundido en diferentes medios de prensa -EFE, Diario Digital 65 y MAS, Infobae, prensa local de Melilla y en programas de Radio y Televisión como Tele 5. TV Melilla y TV Gallega-; además se han presentado Quejas ante el Defensor del Pueblo y el Ministro de Transformación Digital y Función Pública -Óscar López-, con el respaldo de organizaciones como el Sindicato CCOO, Help-Age International España y la Asociación Melilla para la UNESCO entidad integrada en la “Campaña Mundial contra el Edadismo” de la Organización Mundial de la Salud con el Hastag: #AWorld4AllAges.
El espíritu de La Legión, más allá de la edad
Más allá de la denuncia, la participación en La Africana encarna valores profundamente arraigados en la tradición de La Legión Española: esfuerzo, resistencia, compañerismo y valentía. Son principios recogidos en el Credo Legionario que lejos de perder vigencia con los años, encuentran en la experiencia un aliado. La prueba deportiva organizada por La Legión no es casual.

Tiene su origen en una de las gestas más recordadas de la historia militar española: la marcha forzada de 1921 durante la crisis del Desastre de Annual. En julio de 1921, tras el colapso de las posiciones españolas en el norte de Marruecos, Melilla quedó al borde de caer en manos de las fuerzas rifeñas. En ese contexto unidades de La Legión, dirigidas por José Millán-Astray, realizaron una marcha de más de 100 kilómetros en apenas 28 horas, cargados con equipo completo y en condiciones extremas. La I y II Banderas de la Legión que embarcaron en Ceuta en el Ciudad de Cádiz llegaron al puerto de Melilla el 24 de julio de 1921. Aquella acción permitió reorganizar las defensas y contribuir a la salvación de la ciudad. En recuerdo de ese esfuerzo nació la tradición de las marchas legionarias, como los 101 kilómetros de Ronda, La Africana en Melilla, la Cuna de Ceuta y la Desértica de Almería.
Deporte y reivindicación social
La participación de personas mayores de 65 años en pruebas de esta exigencia física desmonta estereotipos sobre la edad y demuestra que la capacidad no desaparece con los años. Al mismo tiempo, pone de relieve la incoherencia de un sistema que limita el desarrollo profesional de quienes siguen plenamente activos.
Más que una carrera, La Africana se convierte así en un símbolo: el de una generación que no solo mantiene su fortaleza física, sino también su compromiso con la justicia y la igualdad. Porque, como demuestra cada kilómetro recorrido, la edad no debería ser un límite, sino una experiencia que suma valor.
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