Por. Arami Garit Hernández
Pudimos haberle llamado los Postes de Hércules, la historia le llamó columnas. Pudimos haberle llamado las Cuatro columnas de Ávila, se les llamó Postes. La diferencia va en su forma. Cilíndrica de piedra. Estructural o de madera. Al fin y al cabo material terrestre creado por Dios y por el hombre.
La historia también la cincelamos, la transformamos, la moldeamos envuelta en fábula o transformada en una leyenda rodante en la historia de los siglos, en la rueda partida en continentes que rota y se traslada en espiral concentrica. Eso que llamamos Tierra.
La diferencia está en lo divino y lo escrito. En lo soñado y lo materializado. Hércules señaló en dos columnas el paso al fin del mundo. Ése estrecho entre dos continentes. Los Cuatro Postes representan el suplicio de Teresa. Allí la encontró su tío, dicen, para martirisarse en tierra de moros. Ella ahora es Santa. Hércules fue semidiós. Si cambiamos la historia quizás encontremos paralelismos, o quizás no. Estamos acostumbrados a tejerla a nuestro antojo. De aquel guerrero no queda mas que un estrecho, donde se erigieron gestas y ahora llaman de Gibraltar. Fue maravilla, una de las siete. Ruta del éxodo, puente de un destino al arcaico continente.
De los cuatro postes; una vista maravillosa de una ciudad, un hotel y unas escaleras de piedra irregular que indican su destino no apto para discapacitados. Unos peldaños que pudieran ser al cielo con permiso de Led Zeppelin. Adaptemos nuestro patrimonio a estos tiempos que ya no son los de Hércules y unas escaleras mecánicas nos harán ver por igual las maravillosas vistas de un patrimonio que es Íbero. Nos hará ver mejor las nubes que se amansan en los tejados de una ciudad encerrada en la lámpara de aladino. O mejor dicho, encapsulada en el muro sólo frotado por el frío y la niebla de los años.
Arami Garit Hernández
Actor, cantautor, escritor, profesor de artes escénicas. Oriundo de una Cuba que pierde a sus hijos.
Enviado por José Antonio Sierra
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